
ISUPOL, Revista de Investigación en Seguridad Ciudadana y Orden Público
Nº 12 junio 2026 • pp 6-18
Sergio Daniel Figueroa Gallegos, María Fernanda Miranda Curi
Diego Ricardo Maldonado Pillajo, Mariana Lisbeth Muela Molina
Intensificación de la violencia y transición del crimen organizado
en Ecuador: del modelo piramidal al modelo horizontal
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Esta definición fue clave porque no solo delimitó
el concepto, sino que abarcó las actividades, bie-
nes y productos derivados de las actividades cri-
minales. Entonces, estos grupos cometen delitos
graves, que es toda conducta sancionada, al me-
nos, con cuatro años de prisión; son estructura-
dos, es decir, son un conjunto estable de personas
no reunidas de forma fortuita; poseen bienes, en-
tre ellos, activos tangibles o intangibles; y obtie-
nen un producto del delito, tales como, bienes o
propiedades (Asamblea General de las Naciones
Unidas 2000).
Sin embargo, el concepto no identificó la
capacidad de adaptación constante de estos gru-
pos. En primer lugar, porque en América Latina
y el Caribe, el crimen se inscribe en dinámicas
globalizadas que favorecen la expansión de otras
amenazas, articuladas a la globalización en la que
convergen economías ilegales (Hernández 2008).
En segundo lugar, porque su estructura operati-
va se sostiene tanto en el uso sistemático de la
violencia para controlar territorios como en la
corrupción, orientada a debilitar las instituciones.
Desde esta perspectiva, la economía del cri-
men y la violencia se expanden desde los procesos
de emulación y aprendizaje, lo que configura la
violencia como un método operativo (Jaén y
Dyner 2005). Una vez iniciadas, las dinámicas
criminales se reproducen y amplifican, por ende,
generan ciclos de expansión. En estructuras
horizontales, este efecto se intensifica ya que la
fragmentación y diversificación de las células
criminales impulsan la búsqueda de rentas ilícitas
y la disputa territorial.
Explosión de mercados criminales
El incremento en los índices de homicidios se vin-
cula con la diversificación de los mercados ilícitos, es
decir, el crimen organizado no está limitado al co-
metimiento de un solo delito. Funciona, por el con-
trario, como un sistema socioeconómico de varias
economías ilícitas como la minería ilegal, la trata de
personas, el tráfico de migrantes, contrabando, tráfi-
co de armas, lavado de activos, entre otras, bajo la ló-
gica empresarial y económica (Parra 2020).
Álvarez (2024) señaló que la expansión del
tráfico de armas, la permeabilidad de las fron-
teras y la convergencia entre economías ilícitas
favorecen a estos grupos que operan como unida-
des territoriales que sostienen la marca criminal
mediante el financiamiento y control local de
las actividades ilegales. A su vez, estos grupos
evolucionan hacia organizaciones con estructuras
flexibles, capaces de operar en distintos mercados
ilegales sin necesidad de jerarquías rígidas.
La literatura en la región evidencia que la
expansión de los mercados ha producido un efec-
to paradójico: mientras el fenómeno del crimen
organizado persiste y se intensifica, su estructura
operativa se atomiza y genera organizaciones
dispersas y fragmentadas que operan de manera
descentralizada (Esberg 2025).
Competencia fragmentada por el control
territorial
El aumento de la violencia en Ecuador puede ex-
plicarse desde la intensificación de la competen-
cia por el control territorial. Este fenómeno se
encuentra vinculado con la fragmentación de las
organizaciones criminales, que ha multiplicado
el número de actores que disputan territorios. La
pérdida de cohesión organizacional genera esce-
narios de alta y mayor conflictividad, en los que
la violencia se convierte en un mecanismo central
de regulación y posicionamiento.
En este contexto, el territorio no solo es un
espacio físico, también representa —en simultá-
neo—, un mercado ilícito, una ruta logística, zona
de operaciones y fuente de legitimidad criminal,
lo que refuerza su valor estratégico (Cabezas et al.,
2025). Por eso, entre los actores criminales —cada
uno orientado a establecer o expandir su control
sobre territorios específicos— hay conflictividad
constante. Este control territorial incrementa los
puntos de fricción y conflicto, lo que produce
espirales de violencia que afectan directamente
a las comunidades y personas más vulnerables
(Dammert y Sampó 2025).
Esta competencia territorial fragmentada
explica el tránsito en los patrones de violencia.
Mientras las organizaciones criminales tradi-
cionales podían emplear la violencia de manera
selectiva y estratégica para mantener el control,
los grupos fragmentados recurren a ella de forma
más frecuente, visible y menos discriminada sobre
la población.